2026-03-06 14:27:37
marzo 6, 2026

La República Dominicana despide a una de las figuras más entrañables de su tradición gastronómica: Juana Chalas Mercedes, conocida en todo el país como “Doña Tula”, falleció el 5 de marzo de 2026 en El Seibo a los 101 años, dejando tras de sí una historia de perseverancia que transformó un pequeño emprendimiento familiar en una auténtica marca nacional.

Nacida el 24 de julio de 1925 en El Seibo, su vida estuvo marcada por la adversidad. Tras enviudar joven, quedó con la responsabilidad de criar a cinco hijos. En 1965 comenzó a elaborar dulces artesanales en el barrio El Retiro con suspiros hechos con claras de huevo regaladas por una panadería local. Lo que inició como supervivencia se convirtió en oficio y legado.

Con paciencia y disciplina perfeccionó sus recetas hasta fundar la Dulcería Tula en la calle General Santana. Sus especialidades —dulce de leche tradicional, versiones bajas en azúcar, dulces de naranja, guayaba, combinaciones con frutas tropicales y el recordado dulce de cajuil— ganaron popularidad inmediata. Pero fue su dulce de leche, equilibrado, aromático y preparado artesanalmente, el que conquistó a generaciones enteras.

Con el tiempo, Dulce Tula trascendió El Seibo: viajeros hicieron parada obligatoria y el producto llegó a supermercados, tiendas y destinos turísticos, convirtiéndose en algo que prácticamente todo dominicano ha probado o conoce. En su ciudad natal representó trabajo, dignidad y perseverancia; autoridades locales le rindieron homenajes y erigieron un monumento en la Plaza Cultural Manuela Diez Jiménez.

A pesar del reconocimiento público, Doña Tula permaneció sencilla y dedicada a su familia y oficio. Trabajó frente a calderos soportando jornadas de calor intenso, dejando huellas físicas pero nunca apartándose del trabajo elegido. Más que empresaria, fue una artesana del sabor que entendió el dulce como tradición viva que debía preservarse.

Falleció en la misma casa donde funcionó su dulcería. Su partida marca el fin de una vida larga y ejemplar, pero su legado permanece en la continuidad familiar del negocio, en la tradición dulcera de El Seibo y en la memoria gastronómica nacional. Hablar de Dulce Tula no es solo referirse a un postre: es evocar esfuerzo, familia y orgullo cultural.

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