febrero 23, 2026

En los últimos días, el país ha visto escenas preocupantes dentro de las escuelas. Agresiones. Faltas de respeto. Desafíos abiertos a la autoridad. No es un caso puntual. Es una señal. Y esa señal apunta primero al hogar.

Pero atención: la escuela no sustituye a la familia. La escuela enseña materias. La familia enseña límites. La escuela forma habilidades. La familia forma carácter. Cuando ese orden se altera, el aula pierde autoridad y el respeto se debilita.

No se trata solo de disciplina. Se trata de ejemplo. Un niño aprende más de lo que ve en su casa que de lo que escucha en un salón. Si en el hogar se normaliza el grito, la burla o la falta de consecuencias, eso mismo se reproduce frente al maestro. Y entonces exigimos respeto donde antes no lo sembramos.

Claramente, el problema no se resuelve solo con más presupuesto ni con nuevas normas. Se resuelve con presencia. Con supervisión. Con padres que sepan dónde están sus hijos. Qué consumen en redes. Cómo se comportan fuera de casa.

Si la familia se retira, la escuela queda sola.
Si la escuela queda sola, la disciplina se rompe.
Y cuando se rompe la disciplina… se compromete el futuro.

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La autoridad comienza en casa

En los últimos días, el país ha visto escenas preocupantes dentro de las escuelas. Agresiones. Faltas de respeto. Desafíos abiertos...

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