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La Romana lleva años escuchando las mismas promesas de la Policía. Y la Policía lleva años con los mismos resultados.
El Gobierno presenta cifras de reducción de crímenes. La Romana agradece los números. Pero los números no patrullan las calles. Los números no le devuelven la tranquilidad a los barrios que llevan años esperando un cambio real.
Los operativos existen. Nadie lo niega. Pero un barrio al que la Policía entra cada mes con el mismo problema no es un barrio que se está recuperando. Es un barrio que se está ignorando de fondo.
La institución no falla solo cuando usa mal el arma. Falla cuando el ciudadano honesto no sabe cómo va a reaccionar el agente que tiene enfrente. Falla cuando hay más operativos para las noticias que presencia real en la calle.
En febrero pasado se reunieron en La Romana los mandos de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Región Este. Analizaron estadísticas. Coordinaron tácticas. Reafirmaron compromisos. Todo eso está bien. El problema es que esas reuniones no pueden ser el indicador de que la seguridad mejora. El indicador es la calle.
El pasado 27 de febrero, el gobierno ascendió a miles de agentes como parte de la llegada del nuevo director general de la Policía Nacional. Lo llamaron "renovación". Y puede serlo. Pero una renovación que no se siente en la calle es solo un cambio de nombres.
La Romana no tiene un problema de operativos. Tiene un problema de resultados. Hay coordinación, hay arrestos, hay mesas de trabajo. Pero la delincuencia no cede en los mismos focos de siempre.
Esta ciudad ha aplaudido demasiados comienzos. Lo que está esperando es ver un final diferente. Uno que se sienta en la calle, no en un informe.