marzo 16, 2026

El mercado municipal de La Romana está así porque el ayuntamiento no lo ha resuelto.

No se trata de un problema nuevo ni de una queja aislada. El deterioro se mantiene. La suciedad vuelve. El desorden sigue. Y lo que debería ser un espacio básico para vender y comprar alimentos opera como si aguantara cualquier nivel de abandono.

La responsabilidad principal no está en el senador, ni en un empresario, ni en el dirigente que quiera montarse en el tema. Está en la alcaldía de La Romana. Le toca administrar. Le toca mantener. Le toca responder. Cuando un mercado municipal se cae a pedazos, no falla la caridad. Falla el gobierno local.

Por eso desvía la discusión todo intento de convertir este problema en una competencia de favores o en una campaña de imagen. El mercado no necesita padrinos. Necesita que el ayuntamiento haga su trabajo. Limpieza sostenida. Orden real. Mantenimiento visible. Presencia seria. No apariciones de ocasión. No anuncios sueltos. No política para la foto.

Aquí se vende comida. Aquí trabaja gente. Aquí entra el dinero diario de muchas familias. Si la alcaldía no puede sostener en condiciones dignas un mercado municipal, entonces no está fallando un detalle. Está fallando una obligación básica. Y eso ya merece una pregunta directa: ¿hasta cuándo piensa el ayuntamiento de La Romana administrar el mercado como problema ajeno?

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