Un intento de asalto fue frustrado este miércoles en la calle Salvador Cucurullo, en Santiago, cuando un conductor intervino y...
Cada 27 de febrero el presidente sube al Congreso y el país escucha. Esta vez escuchó que el sistema eléctrico avanza. El problema es que la gente sabe que eso tampoco es verdad.
Abinader reconoció que los apagones recientes son "inaceptables". Lo dijo. Y en ese mismo discurso anunció un puerto espacial y una economía de tierras raras… todo esto en la misma semana en que sectores de La Romana acumulaban cortes recurrentes y facturas infladas de una distribuidora con miles de clientes afectados por cobros irregulares, ya documentados y reconocidos públicamente. No es un detalle menor. Es la distancia entre el discurso y la calle.
Un país no puede dar un salto digital sin energía confiable. La inteligencia artificial, los servidores, la economía del futuro que el presidente proyecta hacia 2036 necesitan dos cosas que República Dominicana no garantiza: luz estable y agua potable. Anunciar el segundo paso sin haber dado el primero no es ambición. Es distracción.
Lo grave es que el país que el presidente describió el 27 de febrero no es el mismo en que la gente paga la luz que no llega.
Antes del puerto espacial, que llegue la luz. Antes de las tierras raras, que la factura sea honesta. El 2036 puede esperar. La gente no.