La Dirección General de Pasaportes expidió este martes el primer pasaporte electrónico dominicano, entregado al presidente Luis Abinader, marcando el...
Hay momentos que hablan solos… porque cuando se es candidato se dice una cosa, y cuando se llega al poder la realidad dice otra. Y ahí empieza lo que vivimos hoy: un país a oscuras, con la gente mirando al techo y preguntándose por qué seguimos atrapados en lo mismo que prometieron resolver. A veces, un apagón explica más que mil discursos.
El apagón nacional fue el golpe más visible: dejó desde barrios completos hasta servicios esenciales en cero. Lo explicaron técnicamente, lo adornaron, lo justificaron… pero el país sintió otra cosa: vulnerabilidad.
Pero lo verdaderamente revelador no fue ese apagón puntual. Es lo que vivimos cada día: cortes intermitentes, apagones sorpresivos y facturas eléctricas costosas que recuerdan, una y otra vez, que nada está resuelto. Porque la pregunta importante no nace del blackout, sino de la rutina: ¿cómo es posible que finalizando el 2025 sigamos contando horas sin luz como parte de la “normalidad”?
“El problema no es la falla puntual. Es la falta de rigor institucional.”
La falta de rigor de creer que un anuncio tapa un retraso. La falta de rigor de presentar “soluciones” sin tenerlas probadas. La falta de rigor de lanzar fechas que después nadie cumple. La falta de rigor, al final, de gobernar para el titular del periódico y no para la gente.
Y esa falta de rigor la paga el ciudadano, no el funcionario. Cada apagón es incertidumbre y, cuando llega la factura, siempre es lo mismo: pagamos como si tuviéramos energía 24 horas, aunque recibimos mucho menos.
República Dominicana necesita seriedad. Seriedad para no venderle sueños a la gente. Seriedad para hablar cuando algo esté listo de verdad. Seriedad para admitir límites y decir la verdad aunque no guste. Seriedad para entender que los problemas grandes no se resuelven con prisa ni cámaras, sino con método, planificación y transparencia.
Si ese cambio llega, recuperaremos algo más importante que cualquier planta nueva: la credibilidad. Con credibilidad, hasta los problemas viejos encuentran solución. Sin credibilidad, se repiten… igual que los apagones que ya nadie debería estar viviendo.
Y ahí está la clave: sin rigor y sin credibilidad, todo se queda en anuncios; con método, las cosas empiezan a cambiar de verdad.
Porque si la solución al problema energético no llega con método, ningún anuncio nos va a sacar de la oscuridad.