Por  Janki
abril 26, 2026

La inseguridad en los elevados y puentes de Santo Domingo vuelve a ser noticia tras el brutal ataque perpetrado contra la familia Gil este fin de semana. El trayecto desde el aeropuerto, que debería ser un retorno seguro al hogar, se convirtió en una pesadilla cuando un "peñón" atravesó el parabrisas del vehículo. Este método de agresión, que se ha vuelto recurrente en diversos puntos críticos de la ciudad, pone en evidencia la vulnerabilidad de los ciudadanos ante la presencia de personas con trastornos mentales no tratados que habitan en los espacios públicos.

La señora Mercedes Gil, víctima principal del ataque, se encuentra en proceso de recuperación tras recibir una sutura extensa en el rostro, pero el trauma psicológico y el riesgo de una tragedia mayor permanecen latentes. Residentes y conductores habituales de la zona de San Isidro y la Avenida 25 denuncian que no es la primera vez que sujetos con comportamientos erráticos lanzan objetos a los automóviles, presuntamente con la intención de provocar accidentes o simplemente como un acto de violencia irracional.

Es imperativo que la Policía Nacional incremente el patrullaje preventivo en estos nudos viales y que las instituciones correspondientes, como el Ministerio de Salud Pública, asuman la responsabilidad de las personas que deambulan con enfermedades mentales. La falta de un protocolo de retiro y tratamiento para estos individuos convierte a las avenidas en escenarios de ruleta rusa para los conductores. La sociedad demanda soluciones definitivas antes de que este tipo de "atentados" cobren la vida de un ciudadano dominicano.

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