mayo 8, 2026

Por: Patria Heredia

La República Dominicana atraviesa una crisis silenciosa y dolorosa: la pérdida de valores, de orientación y de protección hacia nuestra niñez y adolescencia.

Cada día vemos cómo menores crecen rodeados de violencia, abandono emocional, falta de supervisión, pobreza espiritual y una peligrosa normalización de la agresividad.

El reciente caso del niño Raudiel Martínez Corporán, encontrado sin vida en una cañada en Hato Damas, San Cristóbal, ha estremecido el corazón de todo un país.

Según las informaciones preliminares, el menor habría sido asesinado por otros adolescentes tras una discusión relacionada con unos peces “beta”, un hecho que evidencia hasta dónde está llegando la descomposición social y emocional entre nuestros jóvenes.

Duele profundamente pensar que niños estén perdiendo la vida a manos de otros menores.

Esto obliga a la sociedad a hacerse preguntas serias: ¿Qué estamos enseñando en nuestros hogares? ¿Qué consumen nuestros hijos en redes sociales? ¿Dónde está el acompañamiento emocional, espiritual y psicológico? ¿Qué papel están jugando las autoridades, las escuelas y la comunidad?

No podemos seguir viendo estos hechos como casos aislados.

La violencia juvenil está creciendo, y detrás de ella existe una generación marcada por la falta de atención, la ausencia de oportunidades, la pérdida del respeto por la vida y la influencia negativa de contenidos violentos.

La niñez Dominicana necesita ser rescatada. Necesita padres presentes, escuelas más humanas, iglesias activas, comunidades vigilantes y un Estado que priorice la salud mental y la protección infantil.

Un niño no nace siendo violento; muchas veces la sociedad lo empuja al abandono, al resentimiento y a la oscuridad.

Hoy lloramos por Raudiel, pero también por una República Dominicana que parece perder poco a poco la sensibilidad ante el dolor ajeno.

Si no actuamos ahora, mañana podrían ser más las familias destruidas, más los sueños enterrados y más las lágrimas derramadas sobre una tierra que clama paz, orientación y valores.

La niñez no puede seguir creciendo entre violencia, indiferencia y desesperanza.

Proteger a nuestros niños debe convertirse en una misión Nacional.

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