Los Juegos Centroamericanos y del Caribe terminaron. Ahora comienza la verdadera prueba: garantizar que las instalaciones construidas y remodeladas sigan...
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe terminaron. Ahora comienza la prueba que realmente determinará el valor de lo que dejaron.
La República Dominicana puede celebrar el resultado deportivo y el esfuerzo de sus atletas. Pero una obra pública no demuestra su valor cuando se inaugura. Lo demuestra cuando sigue funcionando y sirviendo a la gente.
La pregunta ya no es cómo salieron los Juegos. Es quién cuidará lo que quedó.
Deben estar claros los responsables, cuánto cuesta mantener cada instalación, de dónde saldrán los recursos y cómo podrá la ciudadanía comprobar que se utilizan correctamente.
También se plantea que algunos recintos generen ingresos mediante conciertos y otras actividades. Puede ser útil si ayuda a pagar su conservación. Pero esos ingresos no pueden desplazar la función principal de esas instalaciones: servir a atletas, clubes, jóvenes y comunidades.
No hay evidencia para afirmar que habrá abandono. Precisamente por eso, la exigencia debe ser preventiva.
Los Juegos terminaron. Ahora corresponde demostrar que la inversión no terminó con ellos. El verdadero legado será que lo construido siga funcionando cuando ya no haya cámaras, ceremonias ni aplausos.