¿Cuántas tragedias hacen falta para revisar una vía antes de que vuelva a ocurrir otra?
Los accidentes reportados en el puente de la carretera vieja de la represa, sobre el río Chavón, y en la avenida Profesor Juan Bosch han vuelto a poner la seguridad vial de La Romana frente a la ciudadanía.
Las causas exactas todavía no están suficientemente establecidas. No corresponde culpar a un conductor, a una carretera o a una institución sin pruebas. Pero investigar lo ocurrido y prevenir otro accidente son dos cosas distintas.
Una vía puede revisarse hoy. Iluminación, señalización, visibilidad, estado del pavimento, barandas de protección, límites de velocidad y controles de tránsito son aspectos que pueden evaluarse sin esperar a determinar quién tuvo la culpa.
Las quejas ciudadanas sobre oscuridad, exceso de velocidad, conducción temeraria o poca vigilancia no prueban qué causó estos accidentes. Pero sí deben servir como alertas para verificar qué está pasando.
Quien conduce también tiene obligaciones. Respetar los límites de velocidad, utilizar casco, mantener el vehículo en condiciones adecuadas y evitar maniobras peligrosas son responsabilidades básicas.
Pero esa responsabilidad individual no elimina la obligación del Estado de mantener, ordenar y vigilar las vías. La seguridad vial depende de ambas partes.
Dos accidentes no prueban por sí solos que exista una falla estructural. Sí justifican una revisión seria y preventiva.
La pregunta es sencilla: ¿había algo que podía corregirse antes?
Prevenir significa comprobar los riesgos hoy, antes de que otra familia tenga que sufrir las consecuencias de aquello que pudo evitarse.
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