La guerra puede explicar por qué suben los combustibles. No explica qué haremos si siguen subiendo los precios internacionales.
La gasolina regular comenzó el año en 272.50 pesos por galón. Hoy está en 317.50 pesos: un 16.5% más. El gasoil regular ha subido un 20.5% y el óptimo, un 26.4% en apenas nueve meses.
El Gobierno congeló los precios durante 90 días y luego mantuvo subsidios para contener parte del aumento. Solo esta semana destinó 1,770 millones de pesos y, aun así, los combustibles volvieron a subir.
Y aquí está lo que muchas veces se olvida: no hace falta tener vehículo para pagar un combustible más caro. El gasoil mueve camiones y mercancías. Si sigue subiendo, aumenta el riesgo de que esa presión llegue a la comida y al bolsillo de todos.
Nadie puede exigirle al Gobierno que controle una guerra, pero sí puede exigírsele que se prepare para sus consecuencias.
Y hay otras formas de hacerlo: Chile amortigua las subidas, Perú protege combustibles sensibles como el diésel y el gas doméstico, y Colombia apuesta por ayudas más focalizadas. Distintas respuestas para que una crisis externa no termine pagándola completa el ciudadano.
Subsidiar compra tiempo. Pero ganar tiempo solo sirve si se utiliza para preparar lo que viene después.
Si esto continúa, ¿cuál es el plan?